jueves , 29 octubre 2020
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Alejandro Santana, el escultor de Jesús.

Alejandro Santana, el escultor de Jesús

El creador del Parque Temático Vía Christi de Junín de los Andes y del Cristo Luz habla de su emblemática obra que entrelaza la interculturalidad de occidente con el pueblo mapuche. Se encuentra emplazada en el Cerro de la Cruz de Junín de los Andes, hoy cuna del turismo religioso patagónico en el corazón del Corredor de los Lagos en el sur neuquino.


Con las manos puestas en el moldeado de la próxima creación, este buen samaritano que supo restaurar una virgen rota camino a Brasil en una peregrinación desde Misiones hasta Uruguay, recibe el reconocimiento de la gente por sus obras religiosas superlativas y emblemáticas.

Este arquitecto de profesión y escultor consagrado, proyectó la construcción del Centro de Salud Intercultural de Ruca Choroi el segundo de Latinoamérica, la del Parque Temático Vía Christi de 23 estaciones y la de un Cristo de 36 metros de longitud que emerge del Cerro en estas tierras donde descansan los restos de los beatos Ceferino Namuncurá, en el paraje San Ignacio y Laura Vicuña, en Junín de los Andes.

Alejandro Santana, nació en el año 58 en el barrio porteño de Palermo, es robusto, de piel trigueña y cabello largo cubierto de canas. En él convive lo profundo de lo espiritual, cual signos de los tiempos la cruz del sur le haya marcado su destino por estos lares.

Todo comenzó cuando tenía unos 22 años. “Mi primera intervención fue cuando reparé la imagen de una Virgen cuando pasamos por Brasil en una peregrinación desde Itatí, Misiones, hacia Montevideo, Uruguay. La virgen se cayó y el padre que coordinaba la caminata me pidió que la repare. A esa edad estaba estudiando arquitectura”, rememora. Desde entonces, ese fue el primer paso para dedicarse a sus proyectos religiosos.

A este hombre de habla moderada y por momentos pausada, la vida lo fue llevando a estos tipos de trabajos. “Yo soy cristiano y el mismo trabajo me fue ayudando, y sobre todo en el Vía Christi, que al meterse en cada estación uno trata de indagar para poder comunicar, y en este aspecto a veces salen cosas ni siquiera desde la razón. Por eso digo: “sé que no soy un buen cristiano pero tengo fe”, se sonríe, convencido de su labor.

En él aparecen nombres trascendentes en la historia de la humanidad los cuales marcan su lugar en el mundo. Veamos, según indican algunos diccionarios etimológicos, Santana es una palabra de origen español y cristiano, formada por los vocablos Santa y Ana.

“Mi abuelo era malagueño. Algunos dicen que viene de los árabes, y puede ser por la influencia de este pueblo en España. Una mujer con el mismo apellido, me dijo que a los chicos que no tenían padres les ponían ese apellido porque los iba a cuidar Santa Ana la madre de la Virgen”, cuenta.

Los nombres de sus hijos aparecen en su formación espiritual. José de 29 años es actor; Francisco de 25 instructor de esquí y rafting, y María, la menor de 16 años le dedica tiempo a la pintura.

Apelemos un poco a la historia misma. José, fue el padre de Jesús y de oficio carpintero; Francisco de Asís, el santo italiano, austero y conciliador con los hombres y con el cielo. Y María, madre del niño Jesús, la Virgen María, venerada por millones de fieles católicos.

Santana vivió hasta los 30 años en Capital Federal, luego en Neuquén capital, en Cipolletti y Bariloche. Allí en vísperas de un encuentro de presidentes a fines de los 90, el obispo local lo llamó un día y le encomendó arreglar el Vía Crucis de la Catedral, tan bien quedó que al poco tiempo los salesianos (congregación fundada en honor a San Francisco de Sales) le asignaron mejorar el Santuario de Laura Vicuña y hacer un Vía Crucis en el Cerrito de la Cruz (actualmente el comienzo del recorrido del Vía Christi), y entonces desde 1998 que Santana es parte de la comunidad de Junín de los Andes.

Santana es de donde nació y de todas partes, como la madre naturaleza, tan intensa en la cosmovisión mapuche e inmensa como el universo mismo, lleno de misterios a la vista: la tierra, la vegetación, el agua y el aire. Un todo para reflexionar sobre las costumbres y la vida de este pueblo originario.

Entonces me lo imagino que él podría haber compuesto la letra del tema Génesis de Vox Dei. “Cuando todo era nada, era nada el principio y de la noche hizo luz; y fue al cielo…, y eso que está vivo”, declara en la solemne y sentida melodía un pasaje de esa canción. El disco se titula La Biblia.

Y entonces pienso, que Ceferino Namuncurá ha sido ese Génesis, el de un fuego avivado por las llamas de las dos culturas, y que se fue gestando en este terruño mapuche.

Dos culturas, lo circular y el cultrum
Santana explica, que “Ceferino sintetiza las dos culturas, la del punto de vista de los originarios y de los que seguimos vivenciando lo que fue el encuentro de la otra cultura. Él fue hijo de un cacique y de una cautiva, y de alguna manera les transmitieron creencias que estaban relacionados con estos dos mundos, dentro de una mirada en la que uno se presenta con sus raíces ante algo que es mucho más amplio, y que es su libertad, en el misterio en el cual estamos parados, que es la vida.”

El arquitecto sintió a flor de piel el traslado en 2009 de los restos del “Hijo Santo” a San Ignacio – paraje ubicado a pocos kilómetros de Junín – , y de la construcción de un gran cultrum en el lugar.

“Ceferino es un canto popular, el pueblo lo había santificado mucho antes, y tomaron un símbolo. Pensamos en lo circular, entonces salió la propuesta del Cultrum, el instrumento de las ceremonias mapuches, una música que se toma como alabanza, como forma de comunicación con Dios, con lo superior.”

¿Qué sintió al saber que trasladarían los restos de Ceferino a San Ignacio?
“Fue muy hermoso, fue una lucha que costó mucho y que terminó en el traslado de los restos de Ceferino a Caballo a San Ignacio, y luego se lo puso en el centro bajo una piedra, esto tiene un significado simbólico. El término “curae” significa piedra, esa piedra la usaba Nahuel Namuncurá cuando ya estaba viejito para subir al caballo, representa el ascender espiritualmente hacia lo superior, hacia Dios.”

¿Le costó entrar en la cosmovisión mapuche?
“Muchas veces no es fácil entrar en lo cristiano, ni en lo mapuche porque es muy amplio, pero lo que se da con mucha naturalidad en Junín es que hay una convivencia particular, más de la mitad de los habitantes son de origen mapuche y en lo diario vas compartiendo las culturas, se van intercalando. La cultura no es algo rígido, sino que se va añadiendo tanto de un lado como del otro, entonces uno va tomando respeto por cosas de la naturaleza de otra manera, porque asimila las formas de ver la vida del pueblo mapuche.”

En su proceso de conocimiento de la sabiduría aborigen, el artista que logró representar en las figuras mapuches los momentos cronológicos más trascendentes de la vida de Cristo, nombra a dos personas muy conocidas en la zona y el pueblo. Una es Rosa Cañuquil: “las charlas con ella me fueron introduciendo a este mundo”, y al Padre Mateo: “un hombre que ha vivido más de 40 años en las comunidades, muy querido por todos”.

Al momento de la charla, Santana no se olvidó de un elemento esencial en la transmisión de la cultura, la lengua, “hay una revalorización de cosas que habían estado tapadas por muchos años, por ejemplo el idioma. Ésta empezando a estudiarse en escuelas, como sucede en la de Ceferino de Junín.”

“En algunos lugares era muy mal visto, inclusive hasta han llegado a cortar la lengua a algunos por hablar el mapuzungum (idioma mapuche), y a veces los padres para cuidar a sus hijos no le transmitían la lengua por una autocensura, en momentos donde estaban más discriminados.”

El encuentro con el arquitecto Santana, se volverá a repetir sin duda. Y quienes visiten la tierra sagrada de Junín de los Andes y admiren sus atractivos turísticos, verán que en muchos de sus rincones aparecen las manos del “Escultor de Jesús”.