lunes , 21 septiembre 2020
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Confianza, de eso se trata.

Confianza, de eso se trata.

Carlos Pelli: Founder & Director | Wilderness Patagonia – Travel Company | Technical expert in ISO quality and safety standards

Desde Marzo 2020, y a raíz de la pandemia del COVID-19, la mayor parte de los gobiernos y jurisdicciones dispusieron directrices y acciones que han limitado estrictamente las interacciones sociales para manejar de la mejor manera la posibilidad de un posible contagio, que ahora, lentamente, comienzan a distenderse en algunas regiones. Sin embargo, tras dos meses y medio de confinamiento, el costo para los empresarios del turismo de naturaleza y para las economías regionales ha sido monumental. El impacto es dinámico y, actualmente, solo se sigue profundizando.

Vuelvo a comentar lo mismo que en un post anterior: en Argentina, claramente, el confinamiento ha salvado vidas, no hay dudas; pero a la fecha, en nuestro sector se han reportado pérdidas de empleos, muchas micro y pequeñas empresas han cerrado definitivamente o han recortado drásticamente sus operaciones y aún no ha llegado el invierno austral, donde muchos guías independientes solían complementar su temporada trabajando en diferentes actividades (fotógrafos, camareros, carpinteros, etc.).

A medida que el riesgo de contagio disminuya en las semanas y meses venideros, el levantamiento gradual de las restricciones ofrecerá la esperanza de poner a la Argentina en la vía hacia la recuperación económica. Sin embargo, no nos engañemos, la recuperación no se producirá de la noche a la mañana. La reconstrucción de la economía durante esta transición dependerá de la medida en que los ciudadanos reanuden sus funciones como trabajadores y consumidores. Y esto, estimados, requiere de la confianza de que pueden hacerlo de manera segura: confianza en los demás, confianza en los negocios, confianza en la recuperación de la economía, confianza en la gobernanza y confianza en la gestión del gobierno.

El fortalecimiento de la confianza social durante la reapertura de actividades.
Salir de los confinamientos requiere tener confianza social, es decir, confiar en que los demás actuarán de manera responsable para mantener la salud pública con un nivel de eficacia alto.

Esto que significa? Para nosotros, construir la confianza es parte de nuestras acciones cotidianas (o de la nueva cotidianeidad, también conocida como la renombrada “nueva realidad”) con nuestras acciones y las de los demás porque creemos todos tenemos que trabajar para salir de esto juntos. Queremos creer que todos tenemos las mejores intenciones y que nos comportaremos correctamente; ya sea con los nuevos-viejos hábitos como lavarse las manos regularmente, cubrirnos nariz y boca en público y respetaremos el distanciamiento social; también queremos creer que ante la presencia de síntomas o de una prueba donde demos positivos al COVID-19, nos aislaremos para preservar a nuestro entorno, seres queridos y resto de la población. Si además de “querer creerlo” aplicamos estas mínimas pautas de conducta, más gente estará dispuesta a usar el transporte público, a comprar en nuestros comercios de proximidad y a reactivar los servicios de restauración físicos, es decir, los viejos y queridos restaurantes, reiniciando así el proceso de relanzamiento de la economía.

Aunque todo el mundo se beneficie cuando esto suceda, cada persona tiene un que tener un incentivo racional para actuar de forma coherente con esta acción colectiva. Parece tonto pensar en esto hoy, incluso para mi mientras lo escribo, pero no dejo de pensar en, por ejemplo, que ante el menor desvío del control, muchos saldrán nuevamente a acaparar desinfectante en el supermercado o intentaran favorecerse con contactos o incluso sobornar a un médico para conseguir hacerse una prueba de coronavirus primero.

Leí en estos días la teoría del juego y el dilema del prisionero, se los recomiendo.

En el escrito de la citada teoría se describe que el comportamiento poco cooperativo puede traer un beneficio personal a corto plazo, pero la sociedad en su conjunto sale perdiendo. Ese no sería el caso si se considera la salud pública como un bien público. Si existe la confianza mutua de que los demás colaborarán para protegerla, la participación en la economía aumentará gradualmente.

Construir confianza en el sector turístico y en los negocios.
Una dinámica similar se extiende a los negocios turísticos. Para aventurarse a salir y erogar su dinero, los turistas deben confiar en que la cadena de valor: operadores y prestadores de servicios, transportes, comercios minoristas, hoteles, restaurantes, aerolíneas y otros negocios de apoyo, darán prioridad al saneamiento e higiene de equipamientos, vehículos, edificios, productos e insumos, y exigirán tanto el personal de contacto directo como el personal de apoyo cumplan a rajatabla con medidas de seguridad y operación, uso de barbijos y/o máscaras y mantener un estricto control de salud, aún por arriba de los estándares que marquen los protocolos expedidos por el gobierno.

Claramente, en los próximos meses, los trabajadores necesitarán saber que sus empleadores son transparentes en cuanto a las condiciones laborales y que pueden sentirse libres de plantear cuestiones de seguridad en el lugar de trabajo sin amenazas de represalias.

El papel de coordinación de los gobiernos locales, regionales y nacionales.
Los gobiernos, en todos los estratos, han estado (y están) en el centro de la respuesta al brote de la COVID-19 como responsables de la información, la salud y la asistencia públicas; no obstante, sus políticas solo son eficaces en la medida en que los ciudadanos cumplan sus directrices.

Cuando confiemos en que la información proporcionada por el gobierno es precisa y oportuna, el nivel de cumplimiento ciudadano será alto y el gobierno podrá avanzar firmemente en su rol como coordinador efectivo. Ahora bien, factores como la transparencia total, en lo posible en tiempo real, sobre la propagación del virus y una clara estrategia de salud pública, junto con una campaña de comunicación eficaz, construida en tándem público-privado pueden contribuir en gran medida a generar la tan preciada “confianza” que requieren los locales y los turistas. Los gobiernos también deben alentar la confianza social entre los ciudadanos fomentando un espíritu comunitario y de responsabilidad social, transmitiendo el mensaje de que “todos estamos juntos en esto” y sobretodo, ser muy consistentes entre el decir y el hacer. No por ser parte de un gobierno o ente oficial, se debería conseguir dádivas o ventajas sobre el resto de la población.

Todos sabemos lo difícil que es construir confianza y lo fácil que es desbaratarla. Factores como la polarización política, los escándalos, los amiguismos, la corrupción en gobiernos y empresas, las crisis económicas, en algunas regiones también destacan los altos niveles de delincuencia y, también la difusión de desinformación por internet, redes sociales o redes de información.

Ejemplos de buenas prácticas abundan, para no herir susceptibilidades locales voy a destacar, desde mi subjetivo punto de vista, el gran trabajo de Portugal en el viejo continente; donde un buen tándem público-privado demuestra en hechos que un alto grado de confianza fomenta resultados económicos y sociales positivos.

Para concluir, entiendo que lograr un rápido y prolongado repunte económico de la actual pandemia depende de un comportamiento ciudadano que requiere confianza en muchos niveles. Las instituciones públicas y privadas deben estrechar relaciones sinceras y transparentes para reconocer la realidad y tomar decisiones inteligentes para recuperar ese importante activo social que es la confianza generada, ya que la salud de la economía futura y el reactivación de nuestro país está en juego.

Carlos Pelli | Wilderness Patagonia – Travel Company.