sábado , 18 noviembre 2017
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“Don Ata”, Feliz Cumpleaños, hoy se cumple un nuevo aniversario de su nacimiento.

Atahualpa Yupanqui nació en Campo de la Cruz Pergamino, un 31 de enero de 1908. Su nombre verdadero Héctor Roberto Chavero, poco tiempo lo utilizó porque durante su adolescencia adoptó el seudónimo que lo acompañó y lo hizo popular durante su vida.

Guitarrista, cantante y compositor. Si hay alguien que en sus letras ha plasmado con cariño y pasión el paisaje argentino fue Don Atahualpa. Desde siempre, sus coplas reflejaron las duras vivencias del hombre común y los paisajes de las diversas provincias argentinas. «Un autor de artes olvidadas» .Autor y poeta de más de mil doscientas canciones que lograron formar parte del cancionero popular. Hoy su canto se extraña, pero su homenaje es continuo en cada escenario de nuestro país. Los grandes cantantes y compositores de folclore tienen en su repertorio una versión de nuestro querido Yupanqui.

Atahualpa-Yupanqui-folkloreFue un gran trabajador revalorizando la tradición del folclore nacional. Su condición artística le permitió recorrer extensos caminos argentinos haciendo una huella que luego transitarían los actuales poetas de nuestra tierra. Viajes a caballo demostraron su habilidad de trovador con guitarra al hombro. Sus manos deterioradas por el tiempo hacia maravillas al subir a los cientos de escenarios. La provincia de Tucumán, le debe un reconocimiento por componer su himno…”Luna Tucumana”. Durante su exilio sus coplas fueron escuchadas en Europa, por ejemplo en Paris, Alemania y hasta Japón. Mimetizado con las costumbres y el paisaje nacional, se dispuso transportar su música hacia nuevos horizontes. Yupanqui decía: «cuando estoy fuera de la tierra es porque la tierra está dentro de mí» .En 1985 obtuvo el Premio Konex de Brillante como mayor figura de la historia de la música popular argentina.

En 1986 Francia lo condecoró como Caballero de la Orden de las Artes y las Letras. En 1987 volvió al país para recibir el homenaje de la Universidad Nacional de Tucumán. Debió internarse en Buenos Aires en 1989 para superar una dolencia cardíaca, pese a lo cual en enero de 1990 participó en el Festival de Cosquín. Sin embargo, a los pocos días Yupanqui cumplió un compromiso artístico en París. Volvió a Francia en 1992 para actuar en Nîmes, donde se indispuso y falleció el 23 de mayo. Por su expreso deseo, sus restos fueron repatriados y descansan en Cerro Colorado, Córdoba, su lugar en el mundo, como cantó en Chacarera de las piedras: “No hay pago como mi pago.

¡Viva el Cerro Colorado!”
Don Atahualpa Yupanqui, sus canciones siguen vivas, una leyenda, ¡Feliz cumpleaños!!
http://www.atahualpayupanqui.org.ar/

El Dato: Centro Cultural Agua Escondida: En un paraje mágico del norte Córdoba, en Cerro Colorado, se yergue el Centro Cultural Agua Escondida, sede de la Fundación y un hito de la región destinado a desarrollar un sistema de comunicación e intercambio de información tendiente a la valoración, fortalecimiento y desarrollo de la identidad cultural del país y de Latinoamérica.

Allí, este espacio de tradición sustenta su actividad en la evocación de la personalidad de Don Atahualpa Yupanqui y, a través del recuerdo de su hoja de vida, permite configurar en torno a su finca, hoy Museo, el marco adecuado para impulsar actividades recreativas, culturales y turísticas de gran demanda. Organizando muestras y espectáculos vernáculos, realizando productos editoriales y discográficos, documentos sonoros y visuales, adaptando contenidos temáticos, tópicos de discusión y desarrollos prácticos para muestras y presentaciones grupales en sistemas interactivos destinados a grupos, estudiantes y público en general.

En definitiva, creando bienes culturales, proyectos de investiga-ción, difusión y conservación de nuestras manifestaciones culturales autóctonas, cuidando siempre la autenticidad de sus expresiones.
Museo Atahualpa Yupanqui: En sus 84 años Don Ata construyó una obra monumental y dio pruebas de una fecundidad artística única que le valió recibir innumerables distinciones y objetos muy valiosos que dejó para la Fundación en su amada casa de Cerro Colorado, “… una casa grande que regalé con mis libros, los puñales de mi abuelo, ponchos, aperos, regalos que me fue dando la gente en todos estos años de recorrer el mundo… “.

Hoy esos objetos constituyen un museo de arte monográfico.