Miércoles , 16 Agosto 2017
BUENOS AIRES
    
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El ministro de Turismo de la Nación, Gustavo Santos, saluda al gobernador Hugo Passalacqua (de espaldas) en la Feria Internacional de Turismo FIT2016, en Buenos Aires, rodeados por el ministro de Turismo de Misiones, José María Arrúa, intendentes y empresarios del turismo.

El Estado, motorizador de la actividad turística

Cómo logramos acceso de todos los sectores a esta actividad que ya tiene, de por sí, un alto impacto en la economía. Cómo recuperamos los turistas perdidos por las asimetrías. Cómo captamos a los chinos y su avidez por nuevas experiencias turísticas. ¿Y el turismo social? Una reflexión sobre la actividad y las políticas propuestas desde el Estado.

Por Jorge Posdeley, licenciado en Turismo.

POSADAS. El Estado es el que fija las políticas de desarrollo y ordenamiento del turismo. Es y debe ser, el Estado, el verdadero ordenador de esta actividad tan importante y es a quien le compete delinear las acciones para recuperar, por ejemplo, a los 400 mil brasileños que ya no vienen porque optaron por Cancún y Punta Cana, como parte de esos tres millones de turistas que se perdieron recientemente.
También el Estado es quien debe seducir a los chinos para que nos visiten. Por ahora, comenzamos con la devolución del IVA a los turistas extranjeros que paguen con tarjetas de crédito o de débito su paso por el país. Es un comienzo.

Cada año, cuando se aproxima septiembre y la primavera en las Américas se celebra en el mundo entero el Día Mundial del Turismo, el 27 de septiembre, con acciones globalizadas que contribuyen a las economías locales a partir de la re-distribución de divisas como consecuencias de los viajes, conscientes de que el hombre, a través de sus viajes, aporta dinero pagando servicios y que impactan, de manera indirecta, en la comunidad loca y generan bienestar.

Ese dinero se originó en otro lugar –por lo general, en otros países-. Este intercambio económico y a la vez social que produce el hombre en otro destino ajeno al suyo, origina en algunos países una nueva actividad económica de equilibrio, muchas veces superadora, porque la actividad turística contribuye con el bienestar de una comunidad en su conjunto, y además, superadora, porque hay sobrados ejemplos donde la actividad contribuyó a solucionar crisis económica terminales, solo a partir de explotar atractivos naturales como el sol y la arena.

Este nuevo siglo nos encuentra frente a una actividad identificada en el mundo entero como la principal generadora de empleo: uno de cada once empleados del planeta trabaja en turismo, o con relación al turismo. Es, por ende, una verdadera generadora de servicios y de actividades que se vinculan de manera diferida o indirecta con el turismo.

Ministro de turismo de la Nación, Gustavo Santos.
Ministro de turismo de la Nación, Gustavo Santos.

Al turismo, siempre como actividad, se le reconoce la importancia en la generación económica por su efecto multiplicador, que genera en el destino o país, un aumento en el potencial económico. Por cada peso que se percibe en concepto turístico, se redistribuye en la comunidad nuevamente en más de siete oportunidades; esta redistribución económica no la supera (ni la alcanza) la industria.
Estamos diciendo, en definitiva, que el efecto multiplicador no es otra cosa más que el resultado del encadenamiento productivo y sucesivos efectos que continúan al gasto turístico: dinero que aporta el visitante a la comunidad que lo recibe.

De acuerdo con la Organización Mundial del Turismo, el volumen de negocios globales generados por la actividad -hoy en día- es igual o mayor que las exportaciones de la industria del petróleo, la producción automotriz o la generación de alimentos. Por esta razón, la OMT considera que la actividad turística se convirtió en uno de los actores principales del comercio internacional y que además es una de las principales generadoras de fuentes de ingresos para muchos países en vía de desarrollo.

Es muy común escuchar hablar del turismo, discutir su importancia y observar como buscan identificar su implicancia en las economías locales. Es ahí, bajo ese paradigma de cambio, que la actividad turística siempre resurge como la posible actividad responsable de solucionar determinados desequilibrios financieros en beneficio de una comunidad, aportándole mano de obra, bienestar, crecimiento y desarrollo local.

Esta discusión viene instalándose de hace tiempo en nuestro ámbito local; siempre rankea, el turismo, como la posible responsable y muchas veces la única, generadora de bienestar colectivo. El fundamento básico siempre es el mismo, relacionado a la geografía donde la naturaleza fue muy generosa con legar los escenarios naturales más prístinos del continente, verdaderos lugares con visión de locación de cine capaz de motivar la vista a miles de personas que necesitan naturaleza, nuevas sensaciones o escapar del asedio cotidiano de las grandes urbes.

A todos estos factores naturales se suman, indiscutidamente, nuestros atractivos culturales heredados, producto de la articulación y la fusión Jesuítico Guaraní por una parte, pero además, por la mestización originada en el entrecruzamiento del criollo e inmigrante. Y la pizca: la generosidad de nuestra gente, a quienes les corresponde el valor agregado más valioso que tienen nuestros productos turísticos.

No contamos con indicadores ciertos
Hasta acá, lo palpable. Pero un paso más adelante, esta discusión será discusión y nada más, incapaz de superar su estado enunciativo porque no encontramos, ni contamos, con indicadores ciertos, creíbles y fehacientes. No hay datos estadísticos creíbles en América Latina en general y en nuestros países en particular. Adolecemos de estadísticas reales, sistemáticas y concretas de la actividad turística en particular.

Los datos que podemos encontrar -y de muy fácil acceso- son datos sectoriales o que responden a intereses de algunos sectores, en función a su aprovechamiento para la venta de servicios.
Está claro que para muchos países, incluida la Argentina, el turismo es una fuente vital y única de ingresos de divisas extranjeras, marcada como trascendente para su economía, que genera empleos directos, indirectos e inducidos muy necesarios en la diversificación laboral para la comunidad, generando un cuadro de bienestar, buscando siempre nuevas oportunidades de desarrollo local. Casi sobre estas premisas, las mismas de siempre, en el mundo turístico el nuevo ministro de Turismo de Argentina, Gustavo Santos, presentó su plan estratégico que aspira llegar al final de su gestión, con 300 mil nuevos puestos de trabajos y una inversión cercana a 25 mil millones, un número realmente interesante, justo ahora que de un tiempo a esta parte el país se posiciona en el mundo, nuevamente, como un país caro para visitar.

Santos, en su presentación, reconoce que el turismo doméstico, (verdadera herramienta de distribución económica interna) se estancó desde 2012 y que la Argentina comenzó a perder paulatinamente el mercado regional: perdió cerca de 400 mil turistas de Brasil, quienes reemplazan a la Argentina por otros destinos más competitivos y más baratos –como Cancún o Punta Cana-.
En este marco, el plan estratégico prevé apuntalar el turismo receptivo canalizando 25 mil millones de pesos para la inversión de infraestructura turística.

El ministro Santos ambiciona posicionar nuevamente a la Argentina en el principal destino de la región, buscando un crecimiento superior del 50 por ciento, generando tres millones de turistas durante su gestión. Busca, además, conquistar mercados asiáticos por ahora prioritarios, aunque su real ambición es China, un país que está distribuyendo al mundo nuevos turistas habidos de nuevas experiencias.
Según datos de la OMT, el turismo emisor chino creció exponencialmente durante las dos últimas décadas. China genera en la actualidad cerca del 13 por ciento de los ingresos mundiales por turismo, en beneficio de numerosos destinos del mundo, especialmente de Asia y del Pacífico.

Para el ámbito doméstico, el plan prevé promover el turismo interno: el 47 por ciento de los argentinos, en 2016, realizó al menos un viaje por año y la pretensión es que esa cifra trepe al 67 por ciento.
Estas pretensiones del Ministerio de Turismo de la Nación son una fuerte apuesta política de desarrollo de la actividad, un respaldo y un disparador para lograr también lo que propone la OMT, de sensibilizar a la comunidad internacional sobre la importancia que reviste el turismo y rescatar su valor social, cultural, político y económico.

Este año, la OMT propuso para el Día Mundial del Turismo, una fecha del calendario de las Naciones Unidas, a poner de relieve el potencial del turismo como contribuyente de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), abordándose algunos de los retos más apremiantes a los que se enfrenta hoy la sociedad.

Dispararon desde el máximo órgano mundial de esta actividad, algo más que el lema “Un Turismo para todos”, porque con ello promueven la accesibilidad al turismo como carácter universal.
«La accesibilidad es una oportunidad de mercado importante, así como un elemento central para el diseño de políticas turísticas y estrategias de desarrollo empresarial sostenibles. Quiero alentar a los encargados de formular políticas, los planificadores de los destinos turísticos y las empresas que trabajan con personas con necesidades especiales, a que actúen conjuntamente para eliminar todas las barreras, tanto físicas como mentales, que dificultan los viajes», dijo, Ban Ki-moon, el Secretario General de Naciones Unidas.

Ampliar la inclusión
Nadie discute hoy la importancia del turismo como actividad y sus aportes beneficiosos para la comunidad, pero está costando que alguien se ocupe, en serio, de reducir las barreras de accesos a esta actividad por parte de la población que menos tiene; hay poca reflexión sobre el turismo como un derecho para todos y no para unos pocos. El turismo social como única herramienta de acceso para la comunidad más postergada y económicamente activa, tiende a desaparecer –por falta de implementación política- y va camino a convertirse en otro producto de mercado más económico.

Estamos un poco lejos de generar actividad sin fines de lucro, con acceso a los que menos tienen.
El Ministro de Turismo de la Argentina propone desde su gestión implementar políticas que beneficien el acceso al turismo de todos los argentinos. Buscará, para ello, bajar costos atacando las tarifas y aseguró que no va a descansar “hasta que bajen las tarifas aéreas y luego las terrestre”. Casi en esta misma línea de pensamiento, Arthur Haulot, fundador de la Organización Internacional de Turismo Social, Premio a la Trayectoria Profesional de la OMT (concedido a particulares por su liderazgo visionario y su notable contribución al sector turístico) en su libro Turismo Social, sostenía allá por la década del 40 que para que todo el mundo pudiera acceder al turismo se deberían dar dos cuestiones fundamentales: que la gente gane mucho o que los precios sean baratos.

Mucho tiempo después seguimos aspirando a romper la principal barrera de acceso al turismo: los precios de mercados, aunque los beneficios si que están claros.