jueves , 14 diciembre 2017
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El turismo antártico crece, y amenaza al continente blanco

Por Pablo Javier Piacente.

El número de turistas que visitarán la Antártida podría llegar a los 35.000 en la temporada 2012-2013, una cifra que podría perjudicar en términos ambientales la región, en la que normalmente las únicas visitas son las de las misiones científicas. La falta de regulaciones en este punto es el aspecto negativo del desarrollo turístico que vive el continente blanco.

El turismo en la Antártida ha crecido fuertemente en las últimas décadas, abriendo un nuevo segmento en la industria. Sin embargo, la falta de regulaciones ambientales podría desembocar en impactos negativos inesperados sobre el patrimonio natural del continente antártico. Para la temporada 2012-2013 se prevé que la cantidad de visitantes podría llegar a los 35.000.

Según artículos publicados en los sitios sfgate.com y zagat.com, que recogen una investigación de Associated Press, el turismo en la Antártida ha crecido de menos de 2.000 visitantes al año en la década de 1980 a más de 46.000 en la temporada 2007-2008.

A continuación, los números se desplomaron con la eclosión de la última crisis económica internacional, tocando fondo en menos de 27.000 visitantes en 2011-2012.

Pero a partir de la última temporada se ha retomado la tendencia al alza, previéndose que el ciclo 2012-2013 cerrará con el ingreso de 35.000 turistas. ¿Qué buscan los turistas en la Antártida? Al clásico avistaje de la fauna autóctona, como en el caso de los pingüinos, se han sumado últimamente nuevas alternativas.

Esto incluye la realización de excursiones hacia el interior del continente blanco o propuestas de turismo aventura, con actividades como paracaidismo o buceo. El crecimiento mundial del turismo, y en especial de las variantes alternativas o poco convencionales que incrementan la segmentación y especialización del mercado, contribuye a la ampliación de los servicios turísticos enfocados en la Antártida.

¿Un continente desbordado?
Un concepto vital para el turismo sostenible, conocido como capacidad de carga, indica que la explotación turística de un ambiente determinado debe ir de la mano con el límite del impacto humano que puede soportar. Cuando los ambientes son más frágiles, como en el caso de la Antártida, superar ese límite y, por consiguiente, su capacidad de carga puede llegar a ser demasiado peligroso para el entorno natural.

De este modo, los especialistas creen que resulta vital un control ambiental más efectivo y un seguimiento a conciencia de los impactos del turismo sobre el continente antártico. Los 28 países que integran el Comité Consultivo del Tratado Antártico han realizado 27 recomendaciones no vinculantes sobre el turismo desde 1966, pero sólo dos reglas tienen carácter obligatorio, y ninguna de ellas se encuentra todavía en vigor.

La situación es compleja, ya que la Península Antártica es la parte del globo en la cual el calentamiento global se manifiesta de forma más rápida. Dentro de un ambiente que ya está cambiando de manera significativa, los expertos no pueden determinar con exactitud la magnitud del impacto adicional que generará el turismo.

Los riesgos incluyen que los turistas introduzcan especies exóticas, microbios o transfieran flora y fauna nativa de otras partes del continente antártico en regiones no preparadas para ello, además por supuesto de la contaminación y la degradación generada durante el desarrollo de las actividades turísticas.

Optimizar la seguridad
Junto a los problemas ambientales también alarman las cuestiones relacionadas con la seguridad. Por ejemplo, los barcos y cruceros que atraviesen el continente impactarán en términos de contaminación, pero además podrían sufrir diferentes accidentes al no estar preparados para viajar por zonas tan complejas, generando incluso fuertes pasivos ambientales debido a derrames de petróleo.

La Antártida crece como destino turístico, pero las regulaciones ambientales y las normas de seguridad brillan por su ausencia. Imagen: cloudzilla en Wikimedia Commons.
La Antártida crece como destino turístico, pero las regulaciones ambientales y las normas de seguridad brillan por su ausencia. Imagen: cloudzilla en Wikimedia Commons.

Asimismo, la escasez de infraestructura sanitaria, tecnología y otros recursos en gran parte de la Antártida haría inviable una gestión eficaz de rescate ante cualquier imprevisto, situación que se volvería más compleja al tener en cuenta la lejanía con otros puntos geográficos.

Gran parte de las embarcaciones que se destinan a viajes turísticos hacia la Antártida no se encuentran convenientemente reforzadas contra el hielo. La Organización Marítima Internacional tiene la intención de imponer un Código Polar, detallando las normas de seguridad para buques que entren tanto en el Ártico como en las regiones antárticas. Aunque se preveía que entraría en vigor durante este año, la OMI indicó que no se aprobará antes de 2014, y que posteriormente habrá que esperar otros 18 meses para que el código se ejecute.

Por otra parte, la cuestión del impacto global humano en el medio ambiente antártico también incluye al personal de las estaciones de investigación ubicadas en el continente blanco. La población en las 39 estaciones de la Antártida alcanzó un máximo de alrededor de 4.400 personas en la temporada 2011-2012. Con demasiada frecuencia, parte de ese personal no respeta las reglas y también contribuye al impacto ambiental negativo.

Autor: Pablo Javier Piacente
Fuente: http://www.tendencias21.net

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