domingo , 22 octubre 2017
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Pura energía del Sol. En Jujuy se vive el Inti Raymi

Pura energía del Sol. En Jujuy se vive el Inti Raymi

Un rito milenario invita a compartir la vigilia de la noche más larga del año para recibir los primeros rayos del sol y renovar la energía en el hermoso paraje de Huacalera, provincia de Jujuy, a 2.600 metros sobre el nivel del mar. Participar en esta fiesta es descubrir un legado cultural de nuestros ancestros muy valioso por su fuerte contenido ritual y simbólico.

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Ceremonia “Inti Raymi” o en castellano la “Fiesta del Sol”, en Jujuy.
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Los participantes festejan con cantos, danzas, brindis colectivos y se rinde culto a la Pachamama con ofrendas y aspersiones.

Conocido como “Inti Raymi” o en castellano la “Fiesta del Sol”, es una celebración incaica milenaria centrada en dejar atrás la oscuridad de la noche más larga del año para llenarse de la luz y energía del sol naciente, durante el equinoccio de invierno en el hemisferio sur.

Se realiza el próximo 20 de junio, día del solsticio de invierno se renueva este ancestral legado. Con las últimas luces del día 23 se prenden cuatro fogatas, situada cada una en un punto cardinal, hecho que señala el momento previo a la llegada del año nuevo solar.

Los participantes festejan con cantos, danzas, brindis colectivos y se rinde culto a la Pachamama con ofrendas y aspersiones.

El ritual no se puede realizar en cualquier sitio. Las coordenadas exactas son señaladas por el monolito que indica el paso del Trópico de Capricornio, uno de los puntos más conocidos de Jujuy por su especial energía. Allí se encenderán dos enormes fogatas para amenizar el entorno, siguiendo la tradición heredada directamente desde los tiempos del Imperio Inca.

La baja temperatura se disipa al son de antiquísimos cánticos –mezcla de aimara, quechua y castellano antiguo- que marcan la coreografía de las danzas que encantan a todos los presentes en una ronda alrededor del fuego.

A la medianoche se celebra el Año Nuevo Solar, momento en el cual se “abre la boca” a la Pachamama para entregar las ofrendas y peticiones en lo que se conoce como Corpachada.

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El sacerdote o Yatiri, y sus bendiciones con sus manos al cielo.

El paso del tiempo se aletarga conforme prosigue la ceremonia y los presentes continúan acercándose al monolito -durante el día sirve como reloj de sol al borde de la ruta nacional 9- para no perderse la oportunidad de dar la bienvenida el “Tata Inti” o Padre Sol.

Atentos todos en comunión con la Pachamama y la naturaleza, un sutil silencio antecede la aparición del primer rayo sobre la sierra conocida como La Huerta. Es momento para que el sacerdote o Yatiri, ruegue por bendiciones con sus manos al cielo, con hojas de coca señalando los puntos cardinales. Entonces, las ofrendas se renuevan.

Poco después de las 9, el sol comienza a asomarse sobre las montañas y los brazos se extienden hacia los rayos mientras se entonan rezos en quechua, aymará y castellano.
Es el final de una noche gélida, la más larga, que contrasta con la luminosidad del sábado y la alegría del comienzo de un nuevo año agrícola.