lunes , 18 diciembre 2017
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Rafael Spregelburd: "Una obra es un ensayo permanente". El director de La Terquedad habla sobre la obra y su llegada al Cervantes.

Rafael Spregelburd: “Una obra es un ensayo permanente”. El director de La Terquedad habla sobre la obra y su llegada al Cervantes

El director, dramaturgo y actor Rafael Spregelburd estrenó el pasado 11 de marzo su obra La terquedad en la sala María Guerrero del Teatro Nacional Cervantes, donde se la podrá ver hasta el 3 de junio. En la pieza, que se estrenó en Frankfurt en 2008 y tardó casi diez años en llegar a la Argentina, Spregelburd personifica a un comisario fascista de Valencia que se propone crear un “lenguaje universal”.


La Terquedad es la última entrega de la Heptalogía de Hieronymus Bosch (El Bosco), que Spregelburd escribió inspirado en La mesa de los pecados capitales, pintada por el artista a fines del siglo XV. Esta serie teatral está conformada por La inapetencia (1996); La extravagancia (1997); La modestia (1999); La estupidez (2001); El pánico (2002) y La paranoia (2008). La escritura de la pieza fue comisionada por la bienal Frankfurter Positionen 2008 a partir del lema: “Inventar la vida: ¿Por qué se producen tantas innovaciones tecnológicas que tienden a querer garantizar más vida, mientras que no parece haber ningún progreso en el ámbito de la ética?”.

-¿Cuáles son tus sensaciones al poder estrenar finalmente la obra en Argentina?

-Es una larga espera que rindió sus frutos porque yo escribí la obra comisionado por un teatro de Frankfurt y estuvo muy bien, luego se hizo en otros lugares: en París, en Ginebra, en Valencia –donde transcurre la obra-, pero lo bueno de esta espera es que reforzó mi idea de que para estrenarla en el país yo no quería menos de lo que ya había visto de la obra en otras latitudes. Sabía que era una obra para una sala grande, no es una obra estrictamente comercial, con lo cual los teatros comerciales no iban a tener interés en producirla y tampoco para ser una obra para el circuito independiente, donde yo me muevo con más comodidad.

-¿Por qué no era una obra para el circuito independiente?

-Por un tema presupuestario y de duración. Una obra que dura tres horas, con una escenografía que por su estructura es bastante complicada, implica que vos tenés que desembarcar en una sala y que esa sala no pueda programar otros espectáculos durante la semana. Y las salas de teatro independiente subsisten con dos o tres espectáculos por noche. O sea que no era un espectáculo que ni por duración ni por producción pudiera desembarcar con comodidad en ese espacio. Y, realmente, me daba pena tener que estrenar la obra en mi país por debajo de las posibilidades que creía que podía tener. Así que, bueno, afortunadamente se dio que esta nueva gestión del Cervantes conocía la obra y estaba tratando de impulsarla. Me contó el director del teatro, Alejandro Tantanian, que hacía 16 años que no se usaba el escenario giratorio del Cervantes y 15 que no se utilizaba el pistón que asciende, el ascensor. Son recursos que este tipo de teatros tienen y me parecía un disparate que a nadie se le hubiera ocurrido que se podía usar.

-¿Por qué elegiste Valencia y la Guerra Civil Española como escenario para situar la pieza?

-Porque creo que es una época en la que se han dado las respuestas equivocadas a una discusión que, como dice la obra, “volverá siempre porque la guerra se perdió”. “Esta guerra durará por siempre”, dicen los personajes. La obra se sitúa en Turís, un pueblo de Valencia, merced a varias casualidades y decisiones caprichosas que luego se convierten en norma. En principio, está inspirada en un caso real: el caso de un comisario valenciano que inventa una lengua artificial, sólo que no en ese momento y no en esa fecha. Ese diccionario se publicó; aparentemente el comisario tenía bastante poder y ejercía mucha presión en la editorial que publicó ese disparate, ese delirio místico sin mucho asidero. Yo me topé con este libro hace muchos años y siempre pensé que contenía una historia fascinante, pero cuando decidí cambiar de época y localizarlo en plena Guerra Civil, de hecho el día en que termina en 1939, vi que ahí la caja de resonancias era mucho más espesa y más rica.

-¿Qué podés adelantar sobre el argumento?

-Lo más sintético que puedo decir de la obra es que el comisario, que es un fascista, se presenta con un proyecto humanista: él dice que “la lengua universal acercará a los pueblos”. Y esta perversión ideológica me resulta interesante porque el fascismo nunca se te presenta diciendo “Hola, yo soy el mal”; el fascismo se presenta casi siempre como “cambio”. Ante la insatisfacción y la angustia de determinados problemas sociopolíticos, casi siempre el fascismo, con su intolerancia de los polares opuestos y su erradicación de las imperfecciones de todo debate, promete cambio a un costo espeluznante. Toda la inteligencia fue exiliada por esta guerra y el país quedó estancado por décadas, por no hablar de otros regímenes fascistas. La idea del fascismo que aparece como humanismo me parecía que valía la pena ser revisitado en el tono general que están escritas mis piezas, que es con muchísima libertad y con una mirada bastante melancólica.

-¿Cuáles son tus expectativas con respecto a lo que se puede generar a partir de la obra en el público?

-Uno estrena y cree que en ese momento algo se va a aclarar, algo se va a solucionar, algo se va a dilucidar, de ese enorme misterio que es el que te lleva a expresarte en forma estética, artística. Una obra es un ensayo permanente. Lo que creo que va a pasar es que nosotros nos iremos adaptando a todo aquello que entendemos y no entendemos de la obra, que el público irá colaborando con su propia inteligencia para completar esa mitad siempre ausente, esa fuerza nunca descripta que está en los materiales. Y esto pasa con cualquiera obra que uno decide mostrar a sus contemporáneos. Pase lo que pase en el país y en la sociedad, el público vuelve a darse cita en el teatro como un lugar necesario de reunión. Yo percibo y respeto mucho ese ritual colectivo en el que las personas van a encontrarse con otros, a veces para no sentirse tan solos y a veces para juntarse y pensar qué hacer con el presente. Así que lo que espero es que ese lugar de reunión y de debate ocurra. Creo que va a haber mucha saña y mucho debate con la obra.

Fuente: www.cultura.gob.ar