jueves , 14 diciembre 2017
BUENOS AIRES
    
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Sabores regionales del Chaco: sabores del monte impenetrable

Emprender un viaje por El Impenetrable tiene el misterio de la aventura, aunque al llegar también sorprenden sus sabores, tan autóctonos como originales. Llegar al Impenetrable es llegar a un lugar místico, donde la naturaleza y culturas originarias se cruzan, aportando cada una a un escenario gastronómico digno de conocer en profundidad.

Comenzamos la mañana en un hermoso hotel, rodeado de verde. Nuestro abundante desayuno incluye pan casero, dulce de calabaza y una exquisita miel de monte que sorprende por su suavidad.

Al emprender viaje hacia la comunidad wichí más cercana, nuestro guía nos ofrece galletitas de algarroba (fruto del algarrobo, reconocido árbol de la zona) recién horneadas. Satisfechos por el reciente desayuno dudamos en aceptar, aunque la resistencia no dura mucho y rápidamente tomamos algunas. El color y sabor son similares al chocolate, aunque con un dejo de canela. Realmente exquisitas.

1510134844Recorremos varios kilómetros, la mañana pasa rápidamente y llega la hora del almuerzo. “Ahora van a conocer a Los Ramírez, aprovechen y pregúnteles todo lo que quieran saber sobre la cocina, porque son expertos”, nos adelanta el guía. Llegamos y nos espera una mesa con empanadas, “Son de vizcacha, un animalito chiquitito que se parece al conejo”, nos explica Don Segundo, mientras nos invita a sentarnos. Apurada desde lejos viene la dueña de casa, Artura, secándose las manos con el delantal nos saluda y asegura “ya sale el locro”. Ansiosos por probar los manjares prometidos comenzamos la comida que sin dudas quedará en nuestra memoria para siempre.

Cada cucharada es especial, y no podemos dejar de comentar lo exquisito, valorando además el enorme esfuerzo realizado por nuestros anfitriones, quienes nos cuentan que desde la madrugada estuvieron preparando lo que ahora disfrutamos.

Después de una larga charla, llega el momento del postre, para el que dejamos un espacio, sabiendo que era digno de ser probado. Dulce de tuna y queso casero, dos manjares preparados por nuestra ya querida Artura.
Continuar el recorrido se hace difícil después de haber comido tanto, pero las ansias por seguir conociendo este mágico lugar nos mueven. Viendo nuestras energías un poco desgastadas, decidimos quedarnos un rato a la orilla del río y disfrutar de la paz de este inmenso paraíso.

Sin darnos cuenta cae la tarde y nos dirigimos hasta donde pasaremos la noche. Luego de una ducha reparadora, vamos a un comedor reconocido por su escabeche de vizcacha, por supuesto que lo pedimos, aunque como plato principal nos recomiendan el chivo al horno de barro y calabazas de guarnición. Cada ingrediente nos asombra por lo sabroso, sobre todo nos sorprende el dulzor de las calabazas que, aunque no parece, es natural.

Luego de una exquisita cena, decidimos volver a descansar para continuar con nuestra aventura al otro día bien temprano. El Impenetrable, sus paisajes, su gente y sus sabores nos esperan para que sigamos descubriendo un territorio que empezamos a comprender por qué despierta pasiones.