Catamarca con alma textil.

Por Sofía Franchessi (Especial).

La historia detrás del Poncho y de un del artesano que lo convirtió en símbolo nacional y llegó al mundo. Sus piezas textiles desfilaron durante ocho ediciones en la Semana de la Moda en CABA, Paris, Milán y España son parte de su vidriera.

Gracias a esa política pública, Rua Chaki fue seleccionado para representar al país en diferentes eventos, y su arte llegó a la Buenos Aires Fashion Week, donde durante ocho años consecutivos presentaron colecciones propias. También participaron en semanas de la moda internacionales en París, Milán y España, llevando el telar catamarqueño al mundo. “Antes nos venían a buscar los intermediarios, ahora nosotros salimos a buscar nuestro mercado”, resume Ramón, con orgullo.

Entre sus creaciones destaca el Poncho Bandera, una pieza icónica que trascendió fronteras.

Diseñado en 2010 como homenaje al Bicentenario, su mezcla de colores -azul, blanco y celeste- simboliza la identidad argentina. “Ese poncho desfiló en pasarelas de América y Europa. Llegó a Bélgica, Francia, Italia… y se viralizó cuando el jugador Lisandro Martínez, de la Selección Argentina, subió un video con él en 2023. Alcanzó más de 11 millones de vistas”, contó Baigorria.

Cada poncho requiere entre 15 y 20 días de trabajo manual, desde el hilado y teñido hasta el tejido final. “No producimos en cantidad. Esto es artesanal y cada prenda es única. Si industrializáramos, perdería su esencia”, dice el artesano, que hoy sostiene con su emprendimiento a seis integrantes de su familia.


Ancestral y actual

La pandemia no detuvo su oficio. Por el contrario, fue el impulso para reinventarse y abrir su local-
taller, donde combina técnicas tradicionales con una impronta moderna. “Mantenemos las costumbres ancestrales, pero adaptamos colores y texturas a lo que busca el público actual. Es la única forma de que este arte siga vivo”, resume Ramón.

Actualmente cuentan con un taller, un salón de exposición y un comercio, manteniendo vivas sus tradiciones y el trabajo ancestral; transmitiéndoles a todos aquellos turistas sus saberes, participando de eventos internacionales y de la mitica Fiesta Nacional del Poncho cada invierno.

Si querés saber más podés visitar la web visitcatamarca.com o el sitio oficial fiestadelponcho.org.ar además de las redes como en el Facebook @Rua-Chaky

El poncho catamarqueño es un símbolo de identidad provincial y nacional. Tejido con lana de oveja o
vicuña, combina técnicas ancestrales con un profundo sentido cultural. Cada hilo cuenta una historia familiar, y cada diseño transmite los colores de la tierra. En el siglo XIX, el poncho fue un elemento cotidiano de abrigo y trabajo; hoy, se ha convertido en una pieza de arte textil reconocida dentro y fuera del país.

En San Fernando del Valle de Catamarca se celebra cada invierno la Fiesta Nacional e Internacional del Poncho, uno de los eventos culturales más emblemáticos del país. Nacida en Belén hace más de medio siglo, esta celebración rinde homenaje a las tradiciones textiles que moldearon la identidad de toda una provincia. Entre sus protagonistas se encuentra Ramón Baigorria, un artesano que desde hace 30 años mantiene viva la esencia ancestral del telar y llevó el arte catamarqueño al mundo.

Para los catamarqueños, Belén es “la Cuna del Poncho” y cuando la fiesta se trasladó a la ciudad capital, los artesanos belichos mantuvieron es espíritu textil que sigue latiendo fuerte en esta ciudad, donde desde hace unos años se organiza una edición paralela que convoca a artesanos, visitantes y turistas de todo el país.

Además, integra la Ruta del Telar que conforman unos cincuenta artesanos textiles que se pueden visitar. Uno de ellos es Ramón Baigorria, artesano textil que junto a su familia transformó el oficio heredado en un proyecto de vida.

“Nos criamos entre lanas. Desde chicos aprendimos a hilar, teñir y tejer. Era una forma de sustento familiar, pero también una tradición que se fue transmitiendo de generación en generación”, cuenta
Ramón, quien junto a su esposa lleva tres décadas dedicadas al tejido artesanal.

Su taller, ubicado sobre la Ruta Nacional 40, en Belén , es un punto obligado para quienes recorren
la provincia. Baigorria no solo exhibe y vende sus productos, sino que también recibe a los turistas y
les enseña cómo nace cada pieza. “No tenemos un libreto. Le mostramos a la gente lo que hacemos
todos los días. Hacemos un poco de docencia, porque cuando entienden el trabajo que hay detrás,
valoran más lo que están comprando”, explica.


Historia y resistencia

Rua Chaki también tiene una historia de resistencia. En los años noventa, tras el cierre de su emprendimiento de calzado por la apertura de importaciones, Ramón y Graciela volvieron a sus raíces.

Retomaron el telar como sustento económico, recuperando los saberes heredados de generaciones anteriores. “Belén siempre se caracterizó por este arte textil. Antiguamente, cada casa tenía uno o dos telares. Era el principal ingreso de las familias del pueblo”.

El oficio, sin embargo, no fue ajeno a los vaivenes del país. Durante el gobierno de Néstor Kirchner, el programa Emprendedores de Nuestra Tierra -creado en 2007 por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación- impulsó la visibilidad de los artesanos argentinos, brindando capacitación, ferias y acceso directo al mercado. “A nosotros ese programa nos cambió la vida. Nos enseñó a ponerle precio a nuestro trabajo, a vender, a usar redes sociales, a relacionarnos con el público”, recuerda Baigorria.

Sofía Franchessi (Especial) Sofía Franchessi es periodista del Semnario Ruta 40 que se dicta en la
Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNPL
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